Diego A. Nieto Marcó

Diego A. Nieto Marcó

Direccion web:

The Dark
de Leonid Andréiev

Para quienes estamos acostumbrados a hurgar en el Project Gutenberg (http://www.gutenberg.org/) no es ninguna sorpresa encontrarnos de cuando en cuando con autores que nos llenan de regocijo aun cuando no hayamos oído hablar de ellos en nuestra vida. Es normal, diferentes épocas, diferentes lenguas, diferentes culturas, a veces miles de kilómetros y hasta distanciamientos políticos nos los ocultan. En esta ocasión me topé con Leonid Andréiev, que pronto dejó de ser un total desconocido cuando oí a Anoushka, alumna rusa que tenía entonces en clase, hablar con gran entusiasmo de él.

Leer más...

Minicuentos

Publicado en Minicuentos

MINICUENTOS

MINIPRÓLOGO

El minicuento, por su extensión, nos tienta a leer uno tras otro. (Olvidamos que se acerca más al poema que a la narración.) Así, la emoción de cada uno elimina la del anterior. Los Petits poèmes en prose de Baudelaire o los cuentos del maestro Anderson Imbert nos aconsejan hacer lo contrario: dejar el libro y saborear lo leído, si merece ser saboreado.

 

 

 

Leer más...

Poemas

Publicado en Poesía

…man’s renewed birth
Fulke Greville


XVIII


Como una inmensa mano de monótono silencio
entra la noche.
El azul, hondo hasta lo negro, es un estanque
donde irrumpen y se esconden y se asoman y se esfuman
vacantes
los recuerdos.
Ni una gota de esperanza queda en mi plumaje
aterido
de tanto golpe, tanta lluvia, tanto viento.
Mi cabeza se sumerge, mis patas
bajo el agua
impulsan aguas acaso condenadas al olvido.
Pero otra vez se yergue el cuello, y el aire, el aire
busca mis pulmones.
Y la mano y la noche y el silencio
se despliegan.
Con un lento ademán de sombras largas que se alejan
en el horizonte
albea.

Leer más...


SOLOS


We live, as we dream—alone. . . .
Joseph Conrad


En cuanto el chasquido de la llave resonó por el pasillo y las escaleras vacías, el hombre, con las yemas de los dedos, empujó la puerta, tanteó la pared a su derecha, encendió la luz y se volvió a la mujer:
—Pasa. Como si estuvieras en tu propia casa —a ellas siempre había que cederles el paso, no importaba lo que fueran o el país del que vinieran; así le habían enseñado de niño y así debía ser.
La mujer, acostumbrada a entrar en viviendas de extraños, miró a su alrededor sin reparo: el vestíbulo pequeño y su perchero, la cocina a la izquierda, el cuarto de baño a la derecha, otra puerta y su penumbra, que más que miedo le produjo curiosidad. Él entró y, sobre una mesita frente al sofá, encendió una lámpara que dio una luz blanco azulada.
—¡Wooo! —se sorprendía ella; pero no por el salón, los muebles, las cortinas; con lo que le había costado buscar, decidir, elegir, comprar; sino que se sorprendía por lo más natural: las paredes de suelo a techo cubiertas de estantes llenos de libros.

Leer más...
Subscribe to this RSS feed